La carrera de Cintas a Caballo se inspira en las "Justas y torneos" medievales, y se celebra el 8 de Septiembre.
Sabemos que, tanto en la corte como en los feudos, las discrepancias entre caballeros, a menudo se solventaba con duelos (justas). Pero también, por motivos festivos (coronación, enlaces matrimoniales, victorias guerreras, etc.) se llevaban a cabo "torneos" con el único fin de entretener tanto a nobles como a villanos. Estos torneos eran también frecuentes durante el tiempo de permanencia de los continentes bélicos cuando se ponía sitio a una fortaleza y las circunstancias prolongaban dicho estado. Con estas celebraciones "festivas" se conseguían objetivos como divertir y entretener, al tiempo que los caballeros se ejercitaban en el manejo de las armas y se mantenían en forma para el día del asedio.
Las diferencias entre justas y torneos son bien claras. En las justas, a sus participantes hay que catalogarlos como combatientes, puesto que ponen en juego su honor y la victoria daría la razón al vencedor; en cambio, en los torneos, los participantes son competidores, independientemente de que el juego en sí fuese un combate. En este caso, las leyes de caballería se aplicaban rigurosamente: se desprecia la ventaja sobre el oponente, se le ayuda a levantarse cuando cae, se desmonta para combatir cuerpo a cuerpo en igualdad de condiciones, e incluso hay sustitución de armas más ofensivas buscando la equidad con el oponente. Aprovechar una ventaja no estaba bien visto, la generosidad es un atributo de la caballería.
Muchos y muy variados fueron los juegos que se pusieron en práctica en los torneos medievales, pero aquí vamos a tratar sólo el que nos interesa: el Fuego "del aro".
El juego consistía en acertar a introducir la punta de la lanza en uno de los aros metálicos que colgaban, atados por una cinta que se anudaba con un falso nudo atravesado, lo que permitía que éste saltase sin dificultad cuando la lanza atravesaba el aro y topaba con el cubremanos.
Sabemos que los caballeros que competían elegían una dama a la que ofrecían sus triunfos. La dama aceptaba al caballero como su "campeón", y se le anudaba en el brazo el pañuelo con sus colores distintivos. Y es en este punto en el que podemos decir que existe un paralelismo con la Carrera de cintas a caballo en Fuente de Piedra como más adelante se detalla
FUENTE DE PIEDRA surge oficialmente en 1.547 por iniciativa de la ciudad de Antequera, convirtiéndose en un arrabal de ella para dar asilo a los cientos de enfermos que venían a tomar las aguas de la "fuente de la piedra", que da nombre al lugar.
Sabemos que la carrera de cintas a caballo también se celebró en las fiestas de alumnos de pueblos de la comarca, pero por unas razones u otras, éstas fueron desapareciendo hasta extinguirse. Afortunadamente, en la actualidad algunos están intentando rescatarlas y otros ya las incluyen en su feria y fiestas.
Por el contrario, en Fuente de Piedra desde su fundación se han venido celebrando la Carrera de Cintas a Caballo. De hacho en 1898, el Diario de la provincia (Málaga), recogía hace un siglo el carácter singular de las fiestas patronales de Fuente de Piedra, precisamente por la singularidad de su Carrera de Cintas a caballo, añadiendo, en aquel entonces, que éstas se venían celebrando desde tiempo inmemorial y constituían una atracción para los pueblos comarcanos. Es posible que las características del lugar donde se celebra haya sido un factor determinante en cuanto al éxito que han tenido en todo momento. (Se adjunta memoria fotográfica que abarca todo un siglo).
Como todo evoluciona, la carrera de Cintas a Caballo también evolucionó. En la imagen recogida por la prensa en el artículo a que hemos hecho referencia, vemos que el "caballista" porta una pica de una longitud aproximada a 1 m. El tamaño disminuye considerablemente, quedando reducida a 1/6 de su longitud primitiva, pero la dificultad para ensartar el aro permanece, pues se reduce también en la misma proporción.
La evolución continuó y hoy, 101 años más tarde, la pica presenta unas dimensiones aún más pequeñas (aprox 20 cm), y al igual que en la situación anterior, el aro también sufrió su merma pasando a ser una anilla de tan solo 2cm de diámetro, manteniendo así la dificultad inicial, que contribuye a que los participantes que se aventuren a competir han de ser muy diestros en el manejo de la montura.
La misma noticia de prensa escogía una estampa del palco de las "manolas", es decir, de las jóvenes villafontenses que en aquel momento presidieron los actos, ataviadas con la típica mantilla, costumbre que como cabría esperar aún persiste. Para ellas los "caballistas" son sus campeones y, aunque no les entreguen el pañuelo con sus colores, las anillas quedan sujetas a una carreta por medio de una cinta de color que ellas han bordado dibujando motivos propio del lugar, a saber: además de sus nombres, la laguna, la fuente de la piedra, la iglesia, etc.
Las cintas, de seda, tienen un tamaño aproximado de 150 cm. de longitud y 5cm. de anchura. Esta es enrollada en el carrete por uno de sus extremos, portando el otro extremo una anilla cosida. La cinta se enrolla en uno de los carretes, presentando el pequeño aro a los "caballistas", que han de acertar a pasar la pica por ella para así desplegarla en su totalidad, lo que ofrece un espectáculo maravilloso. El ganador recibe el trofeo de manos de una de las "manolas".
Mantillas de la Carrera de Cintas a CaballoLas manolas son aquellas jóvenes, o no tan jóvenes que ataviadas con mantilla inician el festejo con un paseíllo desde el punto de salida de la cabalgata de los "caballistas" hasta el palco situado justo al frente de la Guirnalda que porta los carretes con las cintas.
Una vez situadas estas en dicho palco, lo adornan colocando sus mantillas sobre él, lo que ofrece un espectáculo digno de ver por su belleza y colorido.
De entre los participantes, el que más cintas consigue es el ganador, sin menoscabo de que los dos siguientes también consigan su premio, consistente en un trofeo y cierta cantidad en metálico.














