Situado estratégicamente entre las dos Andalucías, Campillos ha pertenecido hasta 1958 a la diócesis de Sevilla, hecho que ha constituido a la lógica influencia sevillana en algunas de sus tradiciones y costumbres.
Los primeros testimonios documentales sobre las cofradías arrancan en el siglo XVI, aunque se puede afirmar que desde la fundación de la villa (1492) hubo procesiones penitenciales.
Casi todas las hermandades de Semana Santa arrancaron en las centurias del Barroco, salvando la de la Pollinica, que es de reciente fundación (1947).
Con el devenir de los tiempos, las cofradías evolucionaron en usos y costumbres. Hasta el siglo XIX, los cortejos procesionales incorporaban disciplinantes y empalados; apostoles con túnica, cruz y cabellera y representaciones vivientes que desaparecieron. Con los años sesenta vinieron momentos de estancamiento, destacando la crisis de hermanos costaleros (portadores), recurriéndose entonces a sustituir los varales por artilugios de ruedas. De esta situación sólo se salvó la hermandad del Santo Entierro.
Será en la siguiente década cuando los jóvenes acceden a las Juntas de Gobierno y se inicia un período de fortalecimiento y esplendor. De este modo, se vuelve a poner en marcha la Agrupación de Cofradías (1987) con la consiguiente organización de las cinco hermandades hoy existentes y con el logro de conseguir la imagen del Resucitado.














