Desde primeras horas de la mañana las abarrotadas calles de la Carihuela se inundan de música, risas y pescaíto. Sardinas, boquerones, calamares, jureles, gambas, pulpo y una gran variedad de especies conforman un menú en el que no falta de nada. Cualquier rincón, poyete, escalón o improvisada mesa se convierte en la mejor mesa del más afamado restaurante de la zona. Y no es para menos, ya que el ambiente festivo, la convivencia en familia y con los amigos y la degustación de estos excelentes platos atraen cada año a un mayor número de personas.














