Cabe destacar que la Semana Santa de Jubrique goza de singularidad y tradiciones ancestrales; ya desde las vísperas se respira cierto aire de festividad.
Comenzamos con el Domingo de Ramos, día en el que todos los jubriqueños y jubriqueñas, además los visitantes podrán acercarse a la Iglesia de San Francisco de Asís, coger a sus puertas una ramita de olivo bendecida por el señor párroco.
Lo más singular y/o espectacular llega quizá el Viernes Santo con las procesiones del Encuentro y la Soledad. Durante la primera, la del Encuentro, hacia las doce de la mañana, la aglomeración de personas en torno a la plaza que apenas nos permite ver; Jesús de Nazaret y su madre La Virgen se despiden en un último encuentro antes de su crucifixión; su madre, una hermosa talla articulada, da la bendición inclinando hacia su hijo su cuerpo y sus manos, al tiempo que llora y seca sus lágrimas. Un momento emocionante que no conviene perderse.
Caída la noche, la Procesión de la virgen de la Soledad recorre las calles a oscura con tan solo la luz de los cientos de velas de las personas que la acompañan en un silencio respetuoso y de duelo.
El Viernes Santo con la cofradía de El Encuentro, la virgen y Cristo se ven en la plaza del pueblo, bendiciendo la Virgen al Cristo con su brazo articulado, así como se le secan las lágrimas a la Virgen con un pañuelo.














